miércoles, 8 de septiembre de 2010

La espinilla

Todo comenzó con una espinilla, un día su pareja le dijo "tienes una espinilla en la espalda", y acto seguido se puso a la labor de proceder a su extirpación pese a los intentos de cambiar de tema por parte del sujeto protagonista de la presente unidad postal. Con evidente mala fe, la espinilla estaba situada en la espalda, algo más abajo del cuello y ligeramente a la derecha, por tanto, la posición más lógica para la erradicación por parte de un elemento externo, suponía ponerse de espaldas y dejarla colocar las manos en una especie de postura estranguladora, facilitando la extracción digital en formato pulgar de la espinilla. Después de varios infructuosos intentos, medio asfixiado, y con la zona afectada con un dolor si bien leve, asaz molesto por una localización dorsal que impedía un correcto contacto visual, ella anunció al fin: "ya está".

Los cojones ya está. Pasaron los días, las semanas transcurrieron con su ritmo semanal, y un buen día ella comentó como si nada "vuelves a tener esa espinilla en la espalda". El recuerdo del doloroso proceso extractor se hizo más vívido que nunca, el mal recuerdo de aquella pesadilla, la pesadilla de aquella puta espinilla, volvía a hacerse realidad, y él sabía que iba a tener que ceder ante el imparable ímpetu que ella mostraba a la hora de eliminar las impurezas cutáneas de todo tipo. Empleando todo su poder de persuasión y su mejor sonrisa apeló a sus sentimientos piadosos, para su sorpresa ella cedió al cabo de un buen rato, pero algo en su expresión le convenció que ella jamás olvidaría aquella espinilla y volvería a intentarlo una y otra vez hasta su total erradicación.

Un buen día, colocado ante el espejo y sin saber bien por qué, tocó con su mano derecha la zona afectada y notó una ligerísima imperfección, un leve abultamiento en el área en que se suponía que estaba situada la ya famosa espinilla. Intrigado, se puso de costadillo en relación al dispositivo reflector y apretó con una combinación digital pinzante la zona anexa, pronto se dio cuenta que si quería conseguir resultados debía presionar con más intensidad aquella zona, obligar a aquella espinilla a dar la cara. Aquel primer intento fallido sirvió para que la espinilla reaccionara y al poco tiempo asomara su pequeña cabeza, que no era como pudiera pensarse de color oscuro, sino de una bella tonalidad amarilla. Para su sorpresa, al poco de empezar a asomar esa cabecilla, notó que si presionaba con la suficiente intensidad, la espinilla comenzaba a aflorar, realmente de su interior surgía un delgado filamento blanquecino-amarillento a consecuencia de sus maniobras opresoras digitales. Aquello se convirtió en una costumbre, dejaba la espinilla en barbecho un par de días, y apenas reprimiendo su impaciencia, procedía a recolectar su cosecha de filamento amarillo. Las dudas acerca de la exacta naturaleza y las intenciones de aquel filamento que de su interior surgía, su temor cada vez mayor a que aquella sustancia formara parte del tuétano de su médula espinal, y sus visitas a científicos y homeópatas en busca de una explicación racional empezaron a convertirse en una obsesión, pero eso ya forma parte de otra historia.

5 comentarios:

Blogger El Hombre de la Pústula ha dicho...

Me identifico mucho con esta peculiar problemática que aquí se plantea, quisiera estrecharle la mano efusivamente para hacerle ver hasta qué punto me identifico, y tal vez luego charlar acerca de la infinidad de variantes que presenta este tema, las espinillas que salen en forma de finísima y muy larga espiral-muelle, los cúmulos espinillares enterrados a gran profundidad que se abren camino a través de varios poros a la vez, la lista es inacabable, pero debo parar, no he dejado de estrecharle la mano en ningún momento y la tengo sudada y aceitosa.

(la mano, se entiende)

9 de septiembre de 2010, 15:25  
Blogger engelson ha dicho...

jeje, larga espiral-muelle...

el cúmulo espinillar ese no lo conocía, supongo que no producirá filamentos, si no ya sería como para dejárselos largos, lucir un largo rizo espinillal compuesto de finísimos y elegantes fideos orgánicos

sí, da para mucho el tema este

9 de septiembre de 2010, 17:40  
Blogger Folken ha dicho...

Yo más que muelle la identificaría con las sábanas de los anuncios de detergente, que se apilan gentilmente en una extraña forma ondulada, como los helados de la tele.

21 de septiembre de 2010, 7:42  
Blogger engelson ha dicho...

Folken, he leído tu comentario en el gemail, y gúgel (bendito sea su nombre) me ha presentado amablemente unos extrañísimos anuncios muy relevantes todos, me voy de compras

21 de septiembre de 2010, 11:05  
Blogger Joan ha dicho...

¿Y qué me dice de esas que se presentan como tremendos bultos sin orificio de salida aparente? Uno las aprieta con ánimo de explosión multicolor y lo único que consigue es aumentar el bulto tal y recibir a cambio un dolor intensísimo.

¿Espirales-muelle? ¿Filamentos? Pero, ¿ustedes qué tienen ahí dentro?

22 de septiembre de 2010, 11:14  

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